Cultura espiritual de Cabrales | Costumbres fúnebres.
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- Publicado el Martes, 25 Enero 2011 18:03
- Escrito por Juan A. Martín

Son muchas las causas que contribuyen a la uniformidad de las costumbres. Pero las relacionadas con la muerte perduran por ser consideradas como el lazo que une a los vivos con el muerto, ese tremendo lazo de temor al misterio.
Nuestros antepasados tenían esas costumbres muy arraigadas y muchas de ellas han llegado hasta nuestros días a través de nuestros mayores; y siguen y seguirán pasando de generación en generación.
Vamos a repasar algunas de ellas, y ya me diréis si os suenan y si alguna sigue haciéndose.
Presagios:
- Presencia de animales domésticos:
Acompañan al dueño gravemente enfermo: “so’n cunta que’l perru diba cula casa y puníasi yorar” (Me doy cuenta de que el perro iba a la parte de atrás de la casa y se ponía a llorar).
Lloros de gatos y aullidos de perros: “intierru ciertu, tan yorandu los perros y miaguin los gatos metá na casa” (Entierro seguro, están llorando los perros y los gatos mayan en medio de la casa).
- Presencia de pájaros nocturnos: “in cuanti que suöni yadrá la muötoba, daquién morri pelos alrediores” (En cuanto que suene el canto estridente (ladrar) de la lechuza, alguien muere en los alrededores). “El carabu tresu mortandá endequiera que estebu” (El buho trajo la mortandad donde estuvo). “La muötoba y el carabu son pernuncios a hartu” (La lechuza y el buho son presagios suficientes).
- Sonidos especiales de las campanas que tañen solas: “daquién morreu que tinglen las campanas” (Alguien murió porque tañen las campanas).
Visitas al moribundo.
Alguna vecina corre la voz: “baigamus belu, ta merrendu” (Vayamos a verlo, se está muriendo). Acuden vecinos y vecinas a casa del moribundo para ayudarle porque “ta piliandu cola morti” (está peleando con la muerte). Las mujeres acuden en mayor número: “eyu e mas de muyeres que son más impropias” (es más propio de mujeres porque son más entrometidas).
El Viático.
Ningún vecino se daba por enterado de la presencia del sacerdote con el viático hasta que algún íntimo o algún pariente del enfermo acude a su casa para notificarle “ban dai los sacramentos” (van a darle los sacramentos). El íntimo del moribundo lleva el farol: “a Xuan tocai her de faroleru” (a Juan le corresponde hacer de farolero - llevar el farol).
Preparación del cadáver.
Se amortajaba con un lienzo de tela basta: “ya lu amortayerin nel sábanu” (ya lo amortajaron en la sábana).
Vestido del cadáver.
Actualmente se les viste y se les deja descalzos. Pero los ancianos recuerdan: “mitíenlos nuna mortaya que e un sábanu bien cosíu” (los metían en una mortaja que era una sábana bien cosida).
Pregoneros.
No los hubo, nadie los recuerda. Pero en algunos pueblos eran frecuentes las lamentaciones, a voz en grito, de los vecinos más próximos o de los parientes, lamentaciones referidas al porvenir de los hijos. “ay virxen santisimína, l’espargüölu que quedin desemparaos” (¡Ay, virgen santísima, los huérfanos que quedan desamparados!).
Cortejo fúnebre.
El cadáver era llevado en andas al cementerio. Delante de la caja iban dos parientes próximos y detrás los demás. Cuatro mujeres, también de las más allegadas al difunto, portaban velas: “ban de belaoras” (van llevando las velas). No se formaban duelos. Muchas mujeres acompñaban a los cadáveres al camposanto. Allí se le sepultaba inmediatamente, excepto en Bulnes, donde quedaba expuesto hasta el día siguiente, quizá porque el cementerio estaba cubierto y “ñun lu apiertin los ispíritus” (no lo perturban los espíritus).
Limosnas, panegíricos.
En Sotres, la limosna a la familia del moribundo se le daba cuando “dibin ministrá’l viaticu” (iban a administrar el viático); en Tielve y Bulnes se hacía una donación poco antes de sacar el cadáver de la casa, a esta limosna se le llamaba “dar la visita o ayumbramientu” porque se suponía destinada a pagar las velas que serían encendidas durante los funerales.
Los panegíricos generales no tenían nada peculiar, expresaban el eterno lamento: “tú, con qui entobía podíes trabayar y comu ti nos vas” (tú, con lo que todavía podías trabajar, y cómo te nos vas). También mencionar los que se decían en entierros de personas jóvenes: “ay, dios, que mal empliau que esas manos las comiera la tierra” (ay, diós, qué lástima que esas manos se las coma la tierra), “ay siñora santisimina, unos güöyos que las cosas si remiran neyus pa qui los comian los buxanus” (¡ay, virgen santísima, unos ojos (dignos de) que las cosas se miren (con placer) en ellos (destinados a) que los coman los gusanos).
También queremos comentar otras costumbres, como la que se refiere a que a los forasteros se les daba un bocadillo: “coméi’l biatigu non escaigais” (comed el viático, no os desvanezcáis). O aquella otra que hace referencia a que en los días siguientes a la muerte solía visitarse el cementerio y se rezaban “recordelis” o responsos y los domingos se llevaban limosnas para el cepo de las ánimas, pero no eran limosnas en dinero, sino en objetos, que después eran subastados a la puja la llana.
