Historia de Cabrales - La Ruta del Cares | Una obra de titanes
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- Publicado el Jueves, 22 Septiembre 2011 17:01
- Escrito por Francisco Gómez López

La que hoy día es considerada la ruta senderista más visitada de España tiene su origen en una obra de magnitud casi impensable para aquellos tiempos. Desde la perspectiva actual, con infinidad de adelantos tecnológicos, se nos antojaría imposible su realización, previos los consabidos estudios o evaluaciones de impacto ambiental, batallas legales y manifestaciones ecologistas de todo tipo, conflictos de competencia de las distintas administraciones, intereses políticos, etc…
Ni qué decir tiene que representa uno de los reclamos turísticos del oriente de Asturias y del Parque Nacional de Los Picos de Europa, lo que supone un activo de primer orden en la maltrecha coyuntura económica de la comarca. Si bien la primera central hidroeléctrica se fundó en Gran Bretaña, en 1880, no fue hasta comienzos del siglo XX cuando en España se tomó conciencia del potencial hídrico, como respuesta a la creciente demanda de energía eléctrica, (en aquella época fundamentalmente para el alumbrado). Por toda la península emergieron numerosas minicentrales familiares que, posteriormente, serían absorbidas por sociedades industriales de carácter empresarial.
Así nació, en 1906, la Electra de Viesgo, que se fundó en Bilbao con un capital de dos millones de pesetas, repartidos en dos mil acciones de quinientas. Sus primeras adquisiciones fueron los saltos del Besaya y del Urdón, paralelamente al desarrollo de proyectos propios. En 1912, se plantearon el aprovechamiento del río Cares, así como de sus afluentes Tejo y Duje, con la finalidad de construir una central en Poncebos.
La idea original pasaba por horadar la margen izquierda del Cares desde Caín hasta Camarmeña a fin de conducir las aguas a través de un túnel de unos 11 kmts de longitud. Si embargo, fue desechada muy pronto, ante las insalvables condiciones técnicas, principalmente de ventilación y desescombro, resultando fmalmente repartido el recorrido en tramos abiertos y 71 túneles, siendo el más largo de ellos el que pasa bajo Los Collaos, de un Km, aproximadamente. Todos ellos fueron perforados a maza y punterola.
En la construcción del canal trabajaron más de 500 obreros, muchos de ellos de la zona y el resto de Galicia y Portugal, (los primeros lo hacían mayoritariamente de temporeros, abandonando durante el verano para dedicarse a las faenas del campo; los portugueses eran fundamentalmente barrenistas). De la penosidad y peligrosidad de los trabajos dan cumplido testimonio los 11 fallecidos en la obra, algunos despeñados y otros alcanzados por derrumbes de rocas.
Los obreros vivían donde podían, algunos en cuevas, como la de Culiembru y otros en los barracones que se construyeron en Los Collaos, donde además se almacenaban víveres y materiales. En 1918 unos 400 obreros quedaron incomunicados por la nieve en Caín, sin posibilidad de salir hacia Valdeón, y ante la escasez de alimentos decidieron replegarse hacia Los Collaos; debieron pernoctar en la garganta y durante la noche oyeron un estruendo horrible, de caída de troncos y piedras en la canal de Estorez; al día siguiente superaron la ingente montaña de rocas y árboles acumulados y consiguieron su objetivo.
La dirección de obra la ejerció en sus comienzos el ingeniero D. Manuel Ocharán, a quienes los vecinos de Caín dedicaron una de sus más concurridas calles, siendo auxiliado por un topógrafo y algunos encargados sin titulación; parece ser que no se sujetaban a ningún plan establecido sino que improvisaban soluciones según iban apareciendo los problemas.
Al año siguiente, con la carrera de perito industrial recién terminada, se hacer cargo de la dirección Do. Mariano Zubizarreta Rodrigo, con tan sólo veinte años de edad. Además de la pérdida de vidas humanas, la construcción del canal anotó en su debe la desaparición de la capilla de San Julián de Culiembru y de la inmensa nogaleda que poblaba la canal de Trea. Según describió el propio Zubizarreta en su libro "Obras de titanes", en la canal de Trea estaba el mayor bosque de nogales que existía en Europa, que se extendía por la vertiente del macizo occidental de los Picos de Europa al río Cares.
A raíz de la entrada en funcionamiento del canal, este bosque fue brutalmente explotado, ya que aprovechaban las aguas del canal para llevar flotando la madera hasta Camarmeña, desde donde la lanzaban cuesta abajo hasta Poncebos. La construcción de la central también conllevó la bárbara destrucción de un antiguo puente medieval, muy pintoresco y poco reproducido gráficamente. Hasta el inicio de los trabajos del canal no se tiene constancia de senda alguna que uniera Caín con Poncebos, lo que no era óbice para que los pastores salvaran la accidentada orografía a través de armaduras de madera estratégicamente colocadas en los sedos.
Entre los años 1927 a 1931 se construyó la antigua senda, aún visible en algunos tramos, en ambas márgenes del río, con fuertes desniveles y de gran peligrosidad, utilizando incluso alguno de los túneles del canal, con tablones atravesados de lado a lado. A través de ella muchos cainejos se desplazaban a los mercados de Arenas y Carreña, cargados de queso, patatas, etc. A decir de Manuel Campillo Noriega, natural de Bulnes, que trabajó primero en el canal y luego en la senda, entonces "sólo" se necesitaban ocho horas en el recorrido Caín-Poncebos.
En 1945, conscientes de la dificultad de la limpieza y mantenimiento del canal a través de aquella senda, la Electra de Viesgo encarga al propio Campillo la construcción de la actual, "de metro y medio a dos metros de anchura y lo más paralela posible al canal". En los primeros siete kilómetros desde Caín hacia Poncebos los trabajos se realizaron a mano, a pico, pala y dinamita, debiendo descolgarse los obreros amarrados con cuerdas a poner las cargas y ser izados antes de la explosión. En 1947, la empresa se empeñó en enviar un compresor, para facilitar y acelerar los trabajos, siendo utilizado en los últimos kilómetros, pese a la negativa de Campillo a transportar por la antigua senda una máquina, con ruedas de hierro y tres toneladas de peso. Uno de los puntos más dificultosos fue la construcción del puente Bolín, originalmente de madera, donde los obreros, tras cortar la madera a mano, debían anclarse a las paredes y trabajar sobre un abismo de 60 metros de profundidad.
En la senda actual trabajaron unos 45 obreros, mayoritariamente de Valdeón, Caín y Cabrales, sufriendo dos accidentes mortales. Los barrenistas eran los mejor pagados, a 1'90 pesetas/hora, seguidos de los picapedreros, a 1'75 y los pinches a 600 pesetas/mes. Aunque en algunos puntos del recorrido aún quedan restos de los barracones la mayoría fueron destruidos para aprovechar la piedra en la construcción de los muros. El resultado final de las obras realizadas durante varias décadas en la "Garganta Divina", como la definió el marqués de Santa María del Villar, es un cómodo paseo de unas tres horas de duración, que se puede realizar en cualquier época del año, (si bien es más recomendable de mayo a octubre), por cualquier persona con un estado físico saludable; ni qué decir tiene que deben tomarse ciertas precauciones en cuanto a equipamiento, víveres, predicciones meteorológicas, etc.
Recomiendo ir siempre pegado a la pared y atentos a la posible caída de piedras, ya sea por causa del viento, del ganado, etc. y llevar a los niños cogidos de la mano, prestando la máxima atención para no tropezar, sobre todo al hacemos alguna foto. Como en toda ruta de montaña es preciso respetar al máximo el entorno y muy importante no tirar piedras, ya que hay tramos en los que otras personas pueden realizar recorridos inferiores, próximos al río. El recorrido se inicia casi enfrente del Puente La Jaya, (ruta a Bulnes), con un corto pero considerable repecho hasta Los Collaos, que nos muestra una primera gran vista de la garganta; desde aquí iniciamos una ligera bajada a la canal del Escaleru, para continuar toda la ruta prácticamente en llano hasta Caín. De regreso, si no nos apetece abordar la subida a Los Collaos, podemos bajar por un cómodo sendero, visible en el pedrero, a la ancha pista cercana al río, que se construyó como prolongación de la carretera a Poncebos, con la intención de continuarla hasta Caín, (en este tramo hay que extremar la atención a la caída de piedras). Tanto en Poncebos como en Caín hay bares, restaurantes, habitaciones, etc. Detrás de la casa de Culiembru hay una fuente de agua potable, (la del canal no lo es). Para aquellas personas que aún no conozcan esta maravilla de la naturaleza e ingenio humano, me permito sugerirles que busquen un buen día climatológico, buen equipamiento, buena compañía y se acerquen a disfrutarla; ¡les aseguro que no se arrepentirán!
Francisco Gómez López
(Oceño).
Montaje:Nano Nava







































