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De pleitos y otras maturrangas cabraliegas

De todos es conocida la existencia y aplicación, en el pasado, de una ley no escrita, según la cual, todo lo que se hacía de noche, adquiría condición legal al amanecer del día siguiente, siempre que el trabajo se hubiera finalizado.  Así se hicieron muchas cabañas por los puertos cabraliegos y así ocurrió con los linderos entre Arenas y Caraves. Los caravetos habían construido un muro en la zona de Nava – Juanrobre, que del senderu de la Dejesa y pasando por el medio del Pozu Turuecu iba al Monte de Ojos Negros.

Este deslinde no convenció a los de Arenas, ya que las mejores vegas de la zona quedan en poder de los de Caraves, por lo cual decidieron actuar en consecuencia y cortar por lo sanu.

El día 22 de Julio, los de Caraves bailaban por la noche al son de la gaita con motivo de su fiesta patronal de la Magdalena. Poco esperaban la sorpresa que iba a depararles la llegada del alba, porque mientras bailaban jotas y trasegaban sidra o vino, los vecinos de Arenas construían un muro nuevo, que pasaría a ser el lindero definitivo entre los pastos de ambos pueblos. Ello supuso la  ocupación de la mejor parte de los terrenos de aquellos pagos. Este ultimo iba desde el Virdiu la Raiz, pasando por Matallana, al Senderu en dirección al paré Las Becerreras. Con ello pasaban a ser propiedad de Arenas, para siempre jamás, la Vega las Duernas y la de Turuecu y alrededores. Se aplicaba la ley de la nocturnidad de forma implacable. Todo continua así a día de hoy.

Y si de maturrangas y candongas vamos a tratar no estará de más hablar del pleito que enfrentó en su día a los de Arenas con los de Tielve por los pastos de Valfríu Entrejanu y Espeyas.

La disputa de los pastos de Valfríu venía de lejos y ya allá por el siglo XVII (1672)  los vecinos de Arenas embargan una “casa de monte de parez seca y cubierta de texa …” que Pedro Díaz de Tielve habría construido, según los denunciantes,  en terrenos de Arenas.

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Pero la gran batalla judicial arranca en el año 1780 cuando dos vecinos de Tielve encorralan y prendan una vaca y un jato de uno de los grandes prebostes de Arenas, Don Juan Antonio de Mestas Cosío y Mogrovejo. Haciendo este ostentación  de su poder, recurre a la justicia (la local, que, a  lo que parece, manejaba a su antojo) con el fin de que, además de devolverle el ganado prendado encarcelasen a los dichos vecinos de Tielve  “se sirva mandar poner presos en la cárcel pública de este concejo a dichos acusados en prisiones de fuste y fierro…”

Tras diversos avatares y a petición de los concejos abiertos de Arenas y Tielve el caso pasa a la Real Audiencia de Oviedo acusando los de Tielve a dos “personas de mucho fuste y poder” el ya citado Juan Antonio de Mestas Cosío y Mogrovejo y Antonio Prieto a quienes acusan de echar los ganados de Tielve del lugar de Valfríu para meter  los de Arenas. Ya antes estos dos personajes habían instado al juez de Cabrales a encarcelar a varios vecinos de Tielve embargándoles además sus bienes. El poder de los citados personajes debe ser considerable dado que los escribanos de Cabrales dejan en la mas absoluta indefensión a los encarcelados y al pueblo de Tielve al negarse a recoger los argumentos para la defensa de sus intereses. Sin otra salida que recurrir a la Audiencia de Oviedo, los de Tielve consiguen que esta dicte una resolución, mandando poner en libertad a los presos de Tielve, que, sin embargo, quince días mas tarde aún siguen en la cárcel.

Por fin y tras diversos avatares la audiencia de Oviedo encarga el día 16 de setiembre de 1780 al escribano D. Francisco Fernandez Tuñon  al que a acompaña el pintor Francisco Leopoldo Reiter hagan “con toda distinción la vista de ojos con mapa y pintura”

Y aquí empiezan las maturrangas de los cabraliegos: llegados escribano y pintor a Carreña el día 20 de setiembre, y necesitando “seis o siete pliegos del sello cuarto” se dirigen al estanquero con el fin de que se los facilite, a lo que este responde no tener la llave del estanco por haberla llevado su esposa y no saber donde se encuentra esta en ese momento. Hasta que al mediodía y habiendo apercibido a dicho estanquero de que de no atenderlos le multará con la pena de veinte ducados además de cobrarle el sueldo del día perdido por la “falta” de la llave.
Mano de santu: el estanquero “inteligenciado de repente dio forma de abrir la cerradura donde dixo tener el papel y lo entregó”

Y llegamos a Arenas: el juez de Cabrales ordena al escribano D. Francisco Fernandez Tuñon que notifique a Josef de Mier para tomarle declaración. Llegado el escribano a casa del citado Josef, que en ese momento está en el corredor de la casa “pero aluego que me vio con toda apresuración se retiró adentro y habiéndole llamado a la puerta, salió una muchacha que se me expresó ser hija suya y me dixo no estar en casa…”

La comitiva judicial, pese a estos avatares emprende camino de Tielve y al llegar a Tambrín aparece el ya citado Josef de Mier, lo que aprovecha el escribano para citarlo, instigador, a lo que parece, de lo que ocurriría a continuación y que nos narra el escribano

“…Siendo ya muy cerca de cerrar la noche, y cubierto de nieblas, caminado para Tielve por un sitio fragoso, de muchas peñas, cerrado de uno y otro lado, sin mas senda que la que ocupaba mi caballería y la del pintor, una seguida de la otra por el sitio o despeñadero que llaman el monte de las Cuerres y Concha del mismo nombre, vimos en una campa contigua a aquel sitio fragoso a un hombre llamado, según él dixo Domingo de Mier, vecino de Arenas que tenía junto un rebaño de ganado y al entrarnos por aquella apretura o despeñadero dirigió de tropel tras de nosotros todo el ganado, uno por sobre otro, golpeándolo a palo y a pedradas, y biendonos en aquel tan grabe riesgo de perder la vida y perniquebrarnos con las caballerías dimos boces y se atravesó por el medio el dicho Julian a detener los ganados con un palo , lo que intentó impedir el citado Mier tratando mal de palabra a dicho Julian y diciendo que hera muy dueño y señor de castigar su ganado y despeñarlo si quería.”

La expedición llegó a Tielve sin mas contratiempos y dio comienzo un largo, farragoso y accidentado proceso judicial.  No  es mi propósito entrar en detalles sobre el mismo. Digamos que se dictó un fallo el 9 de octubre de 1781 que reconocía como propios y privativos de Arenas las mayadas de Entrejanu y Espeyas, reconociendo la propiedad de Valfríu para los vecinos de Tielve. En la narración de los hechos falta el elemento femenino.

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Pero la bravura de la pastora cabraliega tiene una buena representante en la persona de María Alonso, de Arenas, quien, en compañía de Martin  Mier, también de Arenas, procedieron a prendas unas vacas de los vecinos de Tielve, Domingo Sanchez y Domingo del Campillo, que encontraron paciendo en el valleyu del Almorzal, lo que estos trataron de impedir, por lo que  entonces María y Martín “asieron la vaca por las astas a la que traía el cencerro y esta sintiendo la opresión se inquietó, con cuya causa y de hallarse la María Alonso en calzado de madreñas  y estar en un suco resbaladizo, se cayó en el suelo, e yntentando levantarse y de nuevo agarrar dicha baca, le dijo el expresado Martín se mantuviese en tierra asta tanto que viniese el juez y ciruxano a levantarla…”

Como es lógico la buena María permanecería varias horas acostada en la llamarga mientras un propio bajaba a Arenas en busca del juez y del médico y estos subían hasta el lugar de los hechos en el que María permanecía, necia como un cadu, acostada en la llamarga. Pero la bravura quedó patente y el pabellón de la mujer de Arenas bien izado.

Hay que reseñar que, a partir de entonces y en época que los ganados de Arenas permanecían en Portudera, era obligatorio, por imposición del conceyu abiertu, que cada día acudiera, según un orden establecido,  un vecino de Arenas a la cabaña que el pueblo poseía en Espeyas. El vecino que acudía debía llevar un palo que había de dejar trabando la puerta y coger el que allí había dejado otro vecino el día anterior y entregárselo en mano, como testimonio de haber cumplido con la dicha obligación.

A lo largo de esta narración han ido apareciendo distintos vecinos de Arenas de cierto fuste, dado que, en la Trova de Cabrales, que fue escrita por aquellos años, también aparecen glosados. Veámoslos:

Juan Antonio de Mestas y Mogrovejo:
Seguiré con Don Juan Antonio /  Mestas Cosío y Mogrovejo / gallito astuto y mañoso / muy atento  a su provecho / tanto que con sus comuñas / va infeccionando el concejo / que ha de costarle algún día  / otro riguroso pleito / También sabe hacer embudos / cuando va al Ayuntamiento / el día que dan de varas / está ya tan diestro en eso / que hace juez a gusto suyo / sea en concordia o en sorteo / y todos los demás cargos / a su gusto va poniendo / algunos conozco yo / que han sido jueces a dedo /  Pero dejando esto aparte / es muy prudente y atento / amigo de sus amigos / cortés, advertido y cuerdo / hombre de bien en su casa / y en la ajena no es molesto / ha sido afable y honrado / hombre de bien por entero / amigo de hacer favores / pues como dice el proverbio / tanto tienes, tanto vales / y así es ni mas ni menos.

Josef de Mier
Vamos al lugar de Arenas / ciudadela del concejo  / aquí de medio espolón / hay tres o cuatro galluelos / aunque ellos están creídos / que son de espolón entero / y como vengo de arriba / al primero que me encuentro / es a D. José de Mier / que llaman mozo moreno / pajarón de la Papera / chiflón de tragos ajenos / que siempre vive de gorra / como pueda componerlo / El año que ha sido juez  / engordó como un tudesco / arrancó valientes reales / pero poco le lucieron / Miserable cual ninguno / es ruin sin compañero / siempre se brinda a escribir  / si ve la bota primero / gran autor de peticiones / y revolvedor de pleitos / y si se ofrece un escote / el ha de ser el primero / a mamar , porque al pagar / procura librar el cuerpo / En su casa de las Angustias / vive el pobre caballero / mientras compone la suya …”

Antonio Prieto
Mas arriba de su casa / pegado pared por medio / se nos va proporcionando / otro nuevo caballero / que lo estiman los señores / porque le huelen dinero / . Por delante es D. Antonio / y por detrás Antonio Prieto / como es todavía pito / recién salido del huevo / no le han salido espolones / ya le saldrán con el tiempo / Al fin tuvo habilidad / de casar en Mogrovejo / En la gran torre de Mestas / vive el ilustre pigmeo / gigante en tierra de enanos / y alacrán de todos ellos / que lo traen por deporte / en sus fiestas y bureos…..

Y así es como se las gastaban por aquel entonces aquellos ilustres cabraliegos, que sin duda de maturrangas y candongas sabían lo suyo.

Aquí debajo se puede ver completo el mapa que realizó Reiter en 1780

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