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Nostalgia de Cabrales | Cabrales de mio alma

Nostalgia de Cabrales-esCabralesAl cumplirse el primer aniversario del nacimiento de escabrales, después de haber escrito tantas historias, hoy quiero tener un recuerdo para todos aquellos que, un día, tuvieron que partir hacia los soles desconocidos, a la búsqueda de una vida mejor, de un porvenir que en esta su tierra de nacencia se les negaba. Aquí quedaban los recuerdos, los sinsabores, pero también sus raíces.

Manuel Niembro de la Concha, ese escritor casi desconocido, de Berodia, que supo retratar como nadie el alma de su tierra, de ese Cabrales eterno, también escribió de y para los emigrantes:



Ecos d’un ausente

Lexos tó del rincón de mios amores
Lexos tó de Cabrales, la mio tierra
Y no puedo, no puedo’star contentu
No puedo’star alegre, auque lo quiera
El rostru míu publica el sofrimientu
Y a los güeyos mi soma la tristeza
Y paso noche y día suspirando
Y lloro como un críu de la teta
Y no tengo migaya d’asusiegu
Pensando en Cabrales, n’a mió aldea
Lexos del rinconin de mios amores
Xuzgome desterrau, n’onde quiera
Y esto que yo qui vivo no ye vida
Pues sin alma rastro l’esistencia
Que quedomi n’Asturias al dexala
Quedomi esparramada pe l’aldea
Quedósemi nos padres ¡padres míos!
En aquel probín vieyu y santa vieya
Qu’estarán noche y día suspirando
Por el jiyu que tienen en América
Dexe’l alma n’aquella casiquina
Que tien de moy homilde l’aparencia
Y que yo dende quí com’un palaciu
Se mi asegura en mio suañar con ella

Porque allí m’anearen n’escaniellu
Porque tengo yo allí mu dulces prendas
Porque tengo de llí santos recuerdos
Porqu’e sagrá pa mi la cas’aquella
Quedome n’el güertin de xunta casa
En sos cuadros d’arbeyos y de berzas
Qu’eran el sustén d’aquel pucheru
Que sin carne sabía a gloria mesma
Quedósemi nos árboles del güertu
Que de piescos, mazanas y de peras
Nos daban un regalu tos los años,
Pues nonca yos faltaba la cosecha
Quedomi n’el establu del ganau
- y en confiesalu no mi da vergüenza-
Quedomi entre las vacas y los xatos
Y en aquelli rebañu de reciella
Que curié , siendo un críu, derrotau
Y descalzucu siempre de pié y pierna
Quedosemi nos praos de verde
Que ciñen n’un abrazu la mio aldea
N’os árboles que cuayan los senderos
N’os bardiales qu’adornan las caleyas
N’onde a nieros y a moras , cuando críos
Díbamos en saliendo de l’iscuela
Dexela n’a juentina de mio puelu
D’agua como nenguna clara y fresca
N’onde tantos edilios se texeren,
N’onde a Dios, con ser Dios, lu despelleyan
Dexela n’el Casañu n’onde truchas
Pillaba co la man a su las piedras
Y dexela n’el xuegu de los bolos
N’onde supi llucir la mio diestreza
Ajorcando las bolas con el quince
Si co l’once faltaba pa la cuenta
¡Cuanta sidre xugamos a los bolos
Traídu del llagar, na misma peya
D’una pipa de duelas de cerezu
Que jaz una sorbida de primera!
Qué sidre aquella ¡sidre! si la tienen
Cristo y los so discípulos n’a cena
El maldicidu Judas no lu viende
Pues durai mediu mes la borrachera
Y acasu Cristo habiera bendicidu
El vinu milagrosu de mio tierra
Dexé l’alma n’aquellas romerías
Que recuerdar no puedo sin gran pena
N’onde yo estrocé tantas corizas
Y espeacé tantas veces las madreñas
Bailando jasta estar en sin aliendu
Co las mozas mas guapas de l’aldea
Al fandangu, al corru y pericote
Cambiando de mudanza a cada güelta
Cuando las dos rapazas tocadoras
Repicando el tambor y pandereta
Nos cantaban d’alguna seguedilla
A la moza y a mí po la diestreza
Deyé l’alma prendía nos güeyinos
¡ay! d’una mocina cabraliega
Con la que ché un baile a lo garrau
De la Salú, na fiesta de Carreña
Y a quien dixi, al dir a compañala
Cosinas que n’olvido… ni ella
Quedome , en fin el alma en mio Cabrales….

En aquel Cabrales de 1920 con una población cercana a los 5000 habitantes los recursos eran limitados y muchas familias vivían al borde de la pobreza, hasta el punto que muchos “en cuantu prestaban pa algo” , al decir de los más viejos se “iban a servir un amu” por poco más que la comida y el vestido en unas condiciones muy duras. Hay un dicho cabraliego que ilustra bien esto que digo: estando los señores de la casa en la sobremesa, después de haber comido, sale la dueña a buscar a los criados: “Vení a comer y entainá que se vos enfrían las sobras”.

Tal era el Cabrales de la época. A lo críos, desde bien temprano se les inculcaba que debían ir a la escuela para aprender a leer, escribir y las cuatro reglas: debían prepararse para emigrar. Por un lado para buscarse el futuro, por otro, para librarse de la milicia y por consiguiente de ir a una de tantas guerras que les tocó vivir.