Historia de Cabrales | Coplas , guerra civil y la Virgen de Covadonga
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- Publicado el Lunes, 02 Enero 2012 11:46
- Escrito por Paulino Díaz Antón

La Virgen de Covadonga
Ye pequeñina y galana
Marchose con Quintanilla
Porque ye republicana.
Una de tantas coplas, que se cantaban en los tiempos de la guerra Civil. Ésta, en concreto, hace referencia al famoso episodio de la desaparición de la imagen de la Santina.
Acerca de esto escribía Ramón Alvarez Palomo, anarquista:
“ese símbolo de la cristiandad, al margen de toda creencia y desmintiendo la ferocidad que se nos atribuye fue puesto a salvo…por los “rojos” y custodiado por el hombre mas representativo del fondo humanista del anarquismo, Eleuterio Quintanilla“
Estas y otras las oyó uno ¡tantas veces! en su niñez…coplas y dichos como el: ¡cayó Cartagena! ¡¡¡viva Cristo rey!!!. Años de hambre, de lutos, de pan moreno, de racionamiento y estraperlo, de sembrar patatas que nunca nacían “por culpa de los ratos—maldecía el sembrador—hasta que, años después, alguien lo confesaba: “las patatas que tu sembrabas por el día, iba yo a sacalas por la noche, porque no había en casa que llevar a la boca.”
Uno recuerda, de su niñez más temprana, 3 o 4 años, los ladridos nocturnos de “Boqui”, o cuando mi padre, después de mecer, nos llevaba por las noches, por la calleja Xicón, a ver a mi güela Filiberta, a Las Cortinas: Oscuridad total y unos hombres que pasan y saludan. Era el año 54 ó 55 y aquellas siluetas, entrevistas en la oscuridad, se quedaron grabadas en mi memoria. Años más tarde sabría el porqué de los ladridos: de “Boqui”: en el establin de Fernando Alonso, al lado de mi casa, dormían algunas noches “ los escondíos”. Y esos mismos escondíos eran aquellos hombres nocturnos de la calleja Xicón.
Eran años de velos, rosarios y viacrucis, de las misiones de los padres Nieto y Barberá y sus predicaciones apocalípticas, las que hicieron enloquecer por primera vez a la buena y querida Carmen Mier, que tanto nos cuidó, por aquellos años, a mis hermanos y a mí, cuando, tras meses encerrada en “el cuartu”, recobraba la lucidez.
Hasta allí, en la iglesia, se sabía quién era pobre o rico: las “ricas” tenían sus “reclinatorios”, más o menos “historiaos”: las pobres una riestra de los ramos de maíz, “arregucía” en el suelo, para arrodillarse o sentarse.

Y las historias de la guerra: los bombardeos de la aviación “nacional”, los obuses del crucero Almirante Cervera, el vigía del Cantábrico, desde la mar de Llanes, que devolaban Cuera y caían sobre el valle de Cabrales. Uno de ellos, (tan grande como el cabezón de un carru, al decir de mi padre) , cayó al lado de mi casa natal de Jaces. No hizo explosión por suerte, o quizás “gracias a Dios”
El refugio en la cueva de Cares —“cuando íbamos corriendo p’allá porque había pasau el “chivatu” (avión de reconocimiento) y eso significaba que detrás venían los bombardeos, nos ametrallaban desde la Boriza al pasar por el puente de Casaño y la Panadería”— o las de Trescuru, Javiana…, aquella bomba que derribó la casa de la tía Florentina Villar, en Sobacu: “Los republicanos utilizaban el portal como almacén para palas y herramientas y como brillaban con el sol la aviación lo convirtió en un objetivo. Las confundieron con armamento”. O la que reventó el Ateneo. Los defensores de la fe bombardeaban implacablemente a la población civil.
Los aullidos de los moros, aquellos aullidos que infundían pavor, por las cuestas de Ribeles cuando entraron “los nacionales” en Cabrales, cuando se “liberó” Cabrales, en lenguaje de los vencedores, el 17 de setiembre de 1937.
La destrucción del retablo barroco de Santa María de Llas, el incendio de Carreña, la destrucción de la capilla y de la imagen de La Salud. La capilla de San Juan convertida Casa del Pueblo,- incluso su vetusta puerta de arco se sustituyó por una adintelada- según rezaba un rótulo en la torre.
Una guerra, cuyos ecos llegaron a Cabrales un 19, creo, de julio. “Estabamos a la yerba en Muniama y empezaron a sentise los cañonazos del Cervera ahí pa la parte la Marina…”

Y llegaron las muertes injustas y en Cabrales como en todos los pueblos de España las gentes aprendieron el significado del verbo requisar : cuando las gentes bajaban de Muniama, por ejemplo, con la leche mecida en el día, el Comité republicano les requisaba una parte cuando pasaban por el Castañeu y los rebaños disminuían porque se necesitaban para alimentar a la tropa .Las pobres gentes alimentaron, desde su miseria, primero a las milicias republicanas, y, si les quedaba algo, acabó llevándoselo la Patria, o lo que es lo mismo “los nacionales”. Y en el corazón de las gentes se generaron odios, unos odios que devinieron en venganzas y ajustes de cuentas, cárcel, muerte… La placidez de los montes se tornó en el escenario de un campo de batalla plagado de guerrilleros republicanos cuya opción estaba clara: o se “tiraban al monte” o les esperaba la cárcel o el paredón. Y Cabrales convertido, a consecuencia de esto, en un inmenso cuartel: en Carreña, en Arenas (casa Anselmo, Las Angustias) en la Rumiada, en Sotres: guardias civiles, somatenes, brigadilla, a la caza del hombre, de los “escondíos”. Y los “camisas viejas” haciendo justicia por su cuenta. Y así hasta el año 1956 cuando mataron a Juanín y a Bedoya. Y las armas como argumento: Un suceso estremecería a Cabrales: la matanza de Pandébano el 22 de abril de 1945. Machado el líder guerrillero y dos guardias civiles muertos y doce hombres y mujeres de Sotres obligados a soltar el ganado y emprender el camino del monte para unirse a la guerrilla por temor a la represión.

En medio de esto la brutalidad de aquellos siniestros y nocturnos portadores de tricornios y capas. De esto supo mi padre, Fernando, una noche que venía de “apartoriar” una vaca: le propinaron una brutal paliza, “¿de dónde viene usted? ¿no sabe que está prohibido andar por la calle de noche?.
Pocos meses antes había vuelto a casa de una guerra en la que había luchado en el bando “vencedor”. De la quietud del tardíu en Nava, a un destino incierto que le llevaría a Oviedo a Galicia, a Teruel… para finalizar en Valencia. De poco le valió ser “una persona de orden” y “afecta al Régimen”.
Con el alma de charol
Vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
(romance de la guardia civil – Federico García Lorca)
Eran tiempos de mayos con flores a María, con flores a porfía, de mujeres vestidas con hábitos- siempre recordaré aquel morado de mi tía Rosa- de “bulas” que se compraban al cura para poder comer, en los días de ayuno y abstinencia, una carne que sólo duraba hasta que se acababa la última tabla de tocino“ del samartín”, que era bien pronto. Quedaba después el sueru…
Rezos del “Angelus” a las doce: había que hacer un alto en el trabajo y ponerse mirando hacia la iglesia, cuando, estuviera la gente donde estuviera, se oía tocar la campana; multas y castigos por trabajar el domingo….. y hambre y piojos para todos: Ya lo decía Bertolt Brech:
“Al final de la última (guerra)
Quedaron vencedores y vencidos
Entre los vencidos
El pueblo llano pasaba hambre
Entre los vencedores
El pueblo llano la pasó también.
Pero este era el mundo de los mayores, un mundo en el que la escasez y las necesidades —que los críos no sufrimos— dificultaban las relaciones humanas. Yo recuerdo a aquel Arenas de entonces como un pueblo conflictivo, de riñas y peleas frecuentes. El niño que yo era por aquellos años, —cabeza rapada y moña, pantalón de mahón con la culera remendada— a pesar de los sabañones, de las cabras en las piernas y de aquella escuela – los críos con los críos, las crías con las crías- de palo y tentetieso, de cantos marciales, vivía una infancia feliz. A pesar de que los Reyes nos dejaran, en vez de juguetes, un corriverás pintu.
Pero hablábamos de coplas y de la Virgen de Covadonga, cuya imagen había desaparecido durante la guerra. La encontraron en el desván de la embajada española en París y aquella oportunidad no había que dejarla pasar. España volvía a ser católica. Por el Imperio hacia Dios. Franco, caudillo de España por la Gracia de Dios (lo decían las pesetas rubias), organizaría toda la parafernalia que había de entronizar a la Santina en su trono de la Cuna de España:
“El 11 de julio de 1939 entraba triunfalmente en España la imagen de la Santina. La ciudad de Irún se disponía a recibirla con extrema exaltación de religiosidad, las calles estaban engalanadas… volteaban las campanas. La enorme muchedumbre la recibió de rodillas y con una ovación inenarrable”.


San Sebastián, Loyola….. León, Valladolid recibían a la Santina con las mismas muestras de piedad emoción y devoción. Llegó a Asturias el día 13 y recorrió pueblos y villas hasta que, por fin, el día 6 de agosto, llevada a hombros de cuatro generales, fué entronizada de nuevo en su cueva.
Ese día las mozas de Cabrales —mi madre entre ellas— bailaron el Corri-corri en honor a la reina de nuestras montañas. Recorrieron el camino desde Cangas hasta Covadonga, desfilando delante de la imagen, mientras ejecutaban la danza cabraliega.
En Cangas de Onís una niña de 5 años, Adelina, hija de una maestra, leyó, ante la multitud, devota y enfervorizada, unos versos que rescatamos para nuestros lectores. No vamos a comentarlos Tan solo podemos decir que no tienen desperdicio:
Virxen de Covadonga
Santina de la mio vida
Aquí tienes a tu pueblu
Ya sabes que no te olvida
Esos nobles asturianos
Pensando en ti noche y día
Querían dir a búscate
Non tenían allegría
Acordábanse de ti
Los mis probes paisanines
Era mucha la penina
De estos probes rapacines
El pueblu estaba aburríu
Non había romeries
Nin cantaban les mocines
Al baxar de les eríes
Non facía gorgoritos
La fuente de los calderos
Ni el pinzón, ni el veranin
Ni el xilgueru y la raitana
Cantaron desque te fuisti
¡ Xúrolo Virxen galana!
Pero el día que supimos
Que Franco diba a traete
Regolviose toa Asturias
Como si juera un cohete.
Franco ye güenu, valiente
Y listu como una ardilla
Nun dexó un roxu n’España
¡Sacudiollos la pulilla!
Cuando muera irá a la gloria
Has facei un rinconin
Aquí ya queda na historia
Non puedo dicite más
Tengo un nudu en’a garganta
Pero allegrome que vengas
En Covadonga haces falta
Aquel rinconín d’Asturies
Que ye la cuna d’España
N’onde Pelayo fundó
La monarquía asturiana
Taba triste y aburríu
¡Faltas tu, Virxen galana!
Pero ahora qu’estas aquí
Y ya acabó la campaña
Voy decite una cosina:
¡Viva Franco! ¡Arriba España!
Volvían las banderas victoriosas, al paso alegre de la paz. En España amanecía de nuevo, mientras la reserva espiritual de Occidente, se convertía en la gloriosa patria que seguía sobre el azul del mar el caminar del sol, con la bendición de los mitrados de estómago lleno. La patria se impregnaba de olor a incienso, mientras resonaban, por valles y montañas, los cantos de Tedeum. Bien claro lo dejaba aquel Catecismo patriótico, texto obligado en las escuelas a partir de su publicación en 1939:
“Los enemigos de España son siete: liberalismo, democracia, judaísmo, masonería, marxismo, capitalismo y separatismo, vencidos en la Gran Cruzada”
“La libertad humana conduce a la anarquía y al despotismo.; treinta años de circulación de libros y toda clase de escritos, donde se enseña la incredulidad, no han podido menos que producir grave daño y alterar las costumbres religiosas de un número considerable de españoles”
En febrero de 1939 moría en Colliure—Francia—(murió el poeta lejos del hogar / lo cubre el polvo de un país vecino) un hombre bueno. Al igual que cientos de miles de españoles, la España del éxodo y el llanto, meses antes, había emprendido el camino del exilio (y al alejarse le vieron llorar) el gran poeta de España. Se fue, ligero de equipaje, Antonio Machado. Nos dejaba aquellos versos:
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón
Y ahora “tocaba” la España de los “gloriosos caballeros mutilados” y “los jodíos cojos.”
La vieja sentencia romana cobraba pleno sentido: ¡Vae victis! (Ay de los vencidos).
Tiempo de silencio……..
